domingo, 18 de enero de 2009

ACTUALIDAD

COMUNICACIÓN, TELEVISIÓN Y ROLES

Desde que el hombre es hombre, y la mujer mujer, la información y la comunicación han gozado de un papel privilegiado y protagonista en el tiempo. Gracias a estos dos elementos se ha consolidado el progreso y se han enriquecido las culturas. Por culpa de estos dos elementos ha habido persecuciones, prohibiciones, asesinatos y luchas de poder. Pero sin duda, nunca como ahora, la comunicación ha gozado de la dimensión adquirida desde que el mundo digital invadió nuestras vidas.

Dentro del grupo de los denominados medios de comunicación de masas destaca, por su influencia, la televisión crea o destruye “verdades” que impactan en las masas.

Todas las culturas han elaborado roles a través de los que se definían con exactitud, no sólo lo que deben hacer las personas en función de su sexo, sino lo que son y lo que se espera de ellos. Estos conceptos excluyen por definición, comportamientos que no se consideran apropiados para cada uno de los sexos. Son los llamados estereotipos de rol.
La televisión no queda al margen de ellos. El tratamiento dado a los personajes que aparecen en televisión está condicionado, de una forma o de otra, por los roles sociales y de género que tengan asignados. De las mujeres se siguen destacando rasgos como la sociabilidad, sensibilidad o seducción, a través de los que se siguen potenciando, consciente o inconscientemente, los roles de rasgo. ¿Cómo puede comprobarse?. Sólo hay que prestar atención a los motivos por los que las mujeres son protagonistas de las informaciones en este, o en cualquier otro medio de masas. Hay dos grandes razones. Una: son mujeres tremendamente importantes. Y dos: son el punto de referencia de algún problema, llámese malos tratos, problemáticas sociales, o cualquier otro tema con connotaciones por lo general negativas. Sin duda estamos de acuerdo en que este último motivo es mucho más frecuente.

Pero, el peor de los roles que pueden perpetuar los medios de comunicación en general, y la poderosísima televisión en particular, es el que confunde y mezcla lo biológico con lo social. De esta forma, una mujer, sólo por el hecho de serlo, debe asumir que su sitio en la sociedad está en un lugar determinado debido a sus características biológicas, o que por ser mujer u hombre has de desarrollar una forma de ser concreta. De ahí que las mujeres tengamos asignado el papel de educadoras de los hijos por excelencia. ¿Dónde está escrito eso?.

Tenemos tan interiorizados esos roles que muchas veces, incluso con el objetivo de defender lo contrario, basamos en estas creencias los mensajes relacionados con temas de mujeres porque es una parte de la herencia cultural de la que es muy difícil abstraerse.

Precisamente por ese poder del que goza la televisión, y por ser lugar de referencia social, su responsabilidad es doble. Por un lado, las formas deben cuidarse mucho más, y el discurso debe ser revisado para evitar que se sigan ‘filtrando’ estereotipos que impiden terminar con esa herencia cultural. Por otro, su influencia debe aprovecharse y canalizarse de forma que se potencien las acciones positivas que nos sitúen a todos en un punto de partida de igualdad ante los géneros.

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